A veces podríamos relacionar la palabra "Duelo" con la muerte de alguien, sin embargo, un duelo es el período de adaptación emocional que sigue después de una pérdida. Aunque puede ser difícil, es una etapa normal ante cualquier pérdida es dolor y aflicción que se puede manifestar de varias formas, por ejemplo, con llanto.


Un duelo se vive en diferentes situaciones, por ejemplo: cambiar de residencia, un divorcio, una muerte, cuando los hijos se casan, cuando perdemos un empleo, ante una enfermedad, entre otros. Y debe ser considerado tan normal como comer cuando tenemos hambre.


Con el duelo, se hace uso de los recursos internos y externos con los que contamos y es importante echar mano de ellos. Pero sobre todo, es identificar estos recursos con los que podemos contar.


¿Cuáles son las etapas del duelo?


Recién se da la pérdida, pasamos por diferentes etapas, que con el tiempo se van asimilando y transformando:



  • Fase de negación

  • Fase de enfado, indiferencia o ira.

  • Fase de negociación

  • Fase de dolor emocional

  • Fase de aceptación


Estas etapas no necesariamente se viven todas, o en este orden. Pueden durar desde 2 semanas hasta 6 meses. Aunque se puede llegar a prolongar hasta 2 años cuando se trata de la pérdida de un ser querido cercano, ya que, a pesar de la aceptación de la pérdida, se puede manifestar tristeza en fechas especiales o momentos clave de nuestra vida.


¿Cómo sabemos si estamos viviendo el duelo de forma normal?


Para cada persona es diferente, sin embargo, hay puntos que nos pueden ayudar a saber si necesitamos la ayuda de un especialista (Tanatólogo) que nos apoye a llevar el duelo.


  • Cuando hay un duelo bloqueado. El pensamiento hacia la pérdida, es de negación, de "yo estoy bien". Se da un bloqueo emocional-cognitivo (bloqueo de emociones y conducta “normal”. Aunque la primera etapa de un duelo es la negación, si se prolonga, podemos requerir la ayuda de un especialista, ya que es necesario vivir las siguientes etapas. 

  • Duelo patológico. Que lleva a detener la vida social o laboral de la persona, o tiene conductas extremas, pensamientos suicidas o de desinterés total por la vida o situaciones alrededor.


¿Cómo vivirlo sanamente? 


  • Vivir sin culpa. La culpa es parte de las etapas normales del duelo, sin embargo, es sano desecharla y mirar hacia adelante. Si hay algo que no hicimos bien, mejor responsabilizarnos, corregir el error y ver hacia adelante; y no culparnos porque esto nos amarga. En caso de no poder expresarlo a la persona, debido a que ha fallecido, puede usarse una forma alternativa que es escribir una carta y leerla para expresar el perdón que necesitemos expresar. 

  • Expresar los sentimientos. Aunque puede ser difícil expresar los sentimientos cuando sentimos dolor, es lo más sano que se puede hacer. Estamos acostumbrados a sentir cierta vergüenza de que alguien más se entere de que la estamos pasando mal, incluso se asocia el llanto con debilidad, lo cual es totalmente falso. Hay que entender algo: no es débil el que llora o dice que le duele, realmente es más débil el que lo oculta porque lo hace para no sentirse vulnerable.

  • Compartirlo. Aunque sea un duelo que nos toque vivir solo a nosotros, siempre encontraremos a alguien que esté dispuesto a escucharnos y ayudarnos. Por otra parte, si es un duelo que vivimos junto con nuestra familia es muy importante vivirlo juntos. Cuando hay niños dentro de una situación de duelo, es indispensable mostrar nuestros sentimientos, no ocultar que nos duele por pretender vernos fuertes; esto es muy perjudicial para los niños ya que también tienen sentimientos y se dan cuenta de lo que ocurre. Lo que provocamos con esto, es que los niños también oculten lo que sienten y sufran solos.

  • Analizar consecuencias. Cada duelo significa un cambio en nuestra vida, entonces, habrá una consecuencia. También habrá una consecuencia si, debido a nuestro dolor, empezamos a tomar decisiones incorrectas, que nos lleven a hundirnos más en nuestra pérdida; y podemos terminar perjudicando a quienes están a nuestro alrededor. Es por esto que, para tomar nuevas decisiones, hay que apoyarnos de alguien que esté con nosotros y nos de más claridad en lo que estamos pensando.

  • Poner en práctica nuevas conductas. A partir de que vivimos este cambio, las conductas que tengamos hará el duelo más sano o más patológico. Por ejemplo, si por mi dolor, ahora consumo alcohol constantemente, entonces mis conductas harán que perjudique mi salud mental y física y, por consecuencia, de quienes me rodean. Las conductas que tomemos, determinarán el rumbo de nuestra vida y familia.

  • Apoyo. El apoyo familiar y social es básico para este período. 

  • Reincorporarnos a las actividades. Es doloroso, es impensable en un primer momento, sin embargo, volver a nuestras actividades cotidianas, nos ayuda a despejar nuestra mente y poner en orden los pensamientos y pasos a seguir. Podemos volver a dar un sentido a nuestra vida después del acontecimiento. 

  • Hablar del tema. A veces se nos dificulta hablar de nuestra pérdida, sin embargo, es una de las cosas más sanas que podemos hacer. Es posible que nuestro temor sea que se nos quiebre la voz o que lloremos, pero esto es bueno y sana.

  • Perdonar. ¿A quién? A quien creemos que tuvo que ver con esta situación: nosotros mismos, la vida, a las otras personas, etc. ¡A quien se necesite! el perdón nos ayuda a sanar, en cambio, la falta de perdón consume nuestra mente, cuerpo y espíritu.

Espero que estos puntos les ayuden a vivir los duelos más sanamente o sanar algunos que tengan guardados. Recuerden que la salud mental es igual de importante que la salud física.


Tu amiga, Liliana.



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